*Sana a los de corazón quebrantado y venda sus heridas.*
- Salmo 147:3
«¡Abuelita! ¿Quieres ver mi cicatriz?», me preguntó mi nieto de cinco años, mostrando con orgullo la línea desvanecida en el abdomen, resultado de una cirugía que le salvó la vida el día que nació. *Me encanta esa cicatriz, prueba que sanó y sobrevivió.*
Pienso en las cicatrices que yo he acumulado a lo largo de los años — cesáreas, operación de rodilla y, más recién, eliminar el cáncer de piel de mi mejilla. *Muchos de nosotros también llevamos cicatrices invisibles* — heridas emocionales causadas por el abuso, la adicción, la pérdida o la traición. *Las cicatrices comprueban que también hemos sanado y sobrevivido.*
Ninguna sutura o vendaje pueden sanar nuestros corazones rotos. *Solo Jesús puede vendar y sanar nuestras heridas más profundas y restaurarnos a una vida llena de amor, gozo, paz y esperanza.* Pero debemos permitirle hacer lo necesario para sanar lo más profundo de nuestro ser. Jesús enseñó las cicatrices de su crucifixión para probarle a Tomás que había resucitado de entre los muertos. Podemos seguir el ejemplo de Cristo y usar nuestras cicatrices para glorificarle, *mostrando a otros el camino que nos lleva a sanar espiritualmente y que solo ganamos a través de nuestro Salvador Jesucristo.*
Todos estamos marcados por la vida, *pero nuestras cicatrices son la prueba de que, con la ayuda de Jesús, sanamos y sobrevivimos.*
ORACIÓN
*Bendito SEÑOR, gracias por las cicatrices que prueban que has sanado nuestras heridas más profundas. Sigue sanando nuestras vidas.* En el Nombre de JESÚS. Amén.
LECTURA
Evangelio según San
Juan 20:19-29 NVI
[19] Al atardecer de aquel primer día de la semana (domingo), estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y poniéndose en medio de ellos, dijo: *—¡La paz sea con ustedes!*
[20] *Dicho esto, les mostró las manos y el costado.* Al ver al Señor, los discípulos se alegraron.
[21] *—¡La paz sea con ustedes!* —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.
[22] Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo: —Reciban el Espíritu Santo. [23] A quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados. [24] Tomás, al que apodaban el Dídimo (Gemelo) y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. [25] Así que los otros discípulos le dijeron: —¡Hemos visto al Señor! *—Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.*
[26] Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. *—¡La paz sea con ustedes!*
[27] Luego dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. *Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.*
[28] *—¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.*
[29] — Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; *dichosos los que no han visto y sin embargo creen.*
PENSAMIENTO DEL DÍA
¿Qué señales me recuerdan las obras sanadoras de Dios?
OREMOS
*Por quienes necesitan en sus vidas la obra sanadora de JESÚS.*
LA BIBLIA EN UN AÑO
Hoy leemos:
*Isaías 64, 65, 66.*